Cuando somos pequeños, la muerte es algo que suena irreal, como una fantasía muy lejana que jamás nos va a suceder. Conforme vamos creciendo, alrededor de nuestra familia y amigos se producen las primeras muertes, y ahí muchos niños empiezan a tener preguntas, acuden a sus familias en busca de respuestas, sin embargo, otros niños aún no se encuentran con esta conversación hasta la adolescencia. El miedo a morir ocurre sobre todo en mujeres y en adolescentes, es un dato psicológico que nos hace pensar mucho. El miedo a morir suele esconderse en la ansiedad, en el estrés, y en las fobias. ¿Sobre qué nos está intentando informar todos esos sentimientos? Sobre miedos futuros, y en este sentido en particular, detrás del miedo a dejar este planeta, hay un miedo mayor: el de llegados a ese punto, pensar que uno no ha vivido lo que quería o necesitaba vivir. No haber vivido no solo lo que otros te dicen que es el éxito, si no lo que de verdad te hubiera liberado totalmente, realizado, hecho sentir completo/a.
Yo sufrí ese miedo en la adolescencia, era un pánico a no volver a despertar muy grande, y es que lo que de verdad me estaba aterrando era no vivir a mi manera la vida.
Una vez vi una foto en la que salían dos hombres mayores: en una, el hombre estaba lleno de recuerdos de todo lo que había vivido y estaba feliz de haber llegado tan lejos para sí mismo. En la otra parte, un hombre similar estaba aterrado a morir. Lo único que había hecho en la última mitad de su vida había sido ver la televisión. Pensé mucho en esa foto y lo conecté con aquel miedo adolescente. Para comprender el miedo a morir hace falta preguntarse sobre si uno está de verdad disfrutando la vida, y para eso no es que necesites 200 años más de vida, si no aprender a disfrutar de cada segundo. De nuevo volvemos a la ansiedad. Ella no tiene miedo al pasado ni al presente, si no al futuro. Cuando tenemos ansiedad, no estamos ahora, estamos pensando en el futuro, y es allí donde ocurrirá nuestra partida, no ahora en el presente. Ahora no está sucediendo. El 70% de los miedos que tu ansiedad te dice que van a ocurrir no van a suceder nunca, pero sí van a quitarte el presente, tu vida, y la posibilidad de que ahora estuvieses creando un momento precioso que recordar. Sin querer, a través de ese miedo lo único que nos queda es el pasado, y todos sabemos que del pasado no se vive ni tiene nada nuevo que venir a contarte, y que a raíz de todo lo que aprendiste de él, ya sabes qué te hace falta crear ahora, pero te autosaboteas por la identificación con ese papel de tu pasado, y nada nuevo está ocurriendo. Es un círculo vicioso: tienes miedo de volver a pasar miedo. Miedo de que el dolor te de miedo, y es el maldito miedo el que consigue que no disfrutes tu vida pensando en posibilidades que no van a pasar. En tu cabeza intentas hacer estimaciones y estadísticas de lo que va a pasarte, como un experto economista, pero no puedes controlar ese día, ese momento. Es imposible y hay mil ejemplos de ello… En lo personal: a mi abuela le dijeron tras una parálisis en la mitad de su cuerpo, que le quedaban meses de vida. Duró siete años más. Mi ardilla Flin debía vivir 5 años máximo. Duró diez. No lo sabemos. Sí que podemos controlar el intentar que en la medida de lo posible, nuestra alimentación sea saludable: tomar nuestros ácidos grasos semanales, proteínas, comprender nuestras intolerancias, hacer alguna actividad física que nos motive e invertir en nuestra paz psicológica de muchas maneras, romper con todo lo que no sea la vida que necesitas, pero ese día hay que confiarlo a nuestro tiempo. Hay que cultivar la confianza plena en nuestro tiempo, que aunque conozcamos casos de personas que han sufrido o que se han ido demasiado pronto, no podemos saberlo todo, aunque sí sabemos que ellas no nos pertenecen, y que realmente no sufrieron, si no que lo hacen los que se quedan aquí siendo testigo de esa partida. Los que se quedan aquí son los que de verdad sufren. No conocemos todos los por qué, y la ansiedad quiere que controles todo. Como dos caras de una moneda, no puedes aceptar la muerte tuya sin antes entender la vida. Mi consejo es que salgas ahí fuera y dejes que la vida te pase. Que te abracen, que te toquen el pelo y la piel, que te mezcles, que uses tus piernas para ir a comprobar que el perfeccionismo no existe, pero sí ser tu propio compás y enamorarte del sonido de tus pasos dejando atrás todo lo que los tenía encadenados entre la adicción, el masoquismo, la pena, la culpa y la vergüenza. ¡Vivir conlleva riesgos inevitables! Pero la vida es, de todas las cosas, por lo que más merece la pena morir.
El futuro es incierto para todos, y cuando abandonamos el control, entendemos que un ciclo no puede existir sin el otro, que tú formas el sustento hoy del mañana, tal y como prepararon tus ancestros la tierra para ti. Tienes un cometido. Tú vas a decidir qué dejas con tus pasos, pero lo único que de verdad es tuyo es el presente. El día de hoy. Cada mañana puedes volver a nacer, cada hora es una oportunidad de salir de tu mente a buscar dónde está ese pétalo que acaba de nacer en la calle y lo bonito que es que puedas ser testigo sin que pase desapercibido.
Encontrarás la fuerza necesaria cuando te des cuenta de que tienes el poder sobre tu mente y no al revés. Los acontecimientos pasarán, pero cómo puedes verlos es gracias a tu mente, porque ¿es miedo a los finales o terror a los comienzos? ¿A verte de repente tan feliz que pienses que algo malo va a pasar para compensarlo? Todo eso es mentira. Es la falta de amor que aún arrastras de muchos traumas tuyos y generacionales por trabajar contigo a diario. ¿Por qué no elegir conscientemente confiar en tu vida?
El primer paso es dejar de huir de tu propio miedo, dejar de echarlo. Escúchalo. Todo absolutamente lo que quiera decirte sin excusas para afrontarlo. Después no los entierres o niegues. Decir que eres una persona que tiene miedo no tiene nada de malo, al revés. No luches contra él, ¡no es un enemigo que derrotar! Pues cuanto más lo rechazas más grande se hace. Es una lucha interna contigo que necesita tiempo, amor y aceptación. Observa qué te pasa a nivel físico cuando sientas ese miedo: si te sudan las manos, si te tiembla la voz, si tu corazón se acelera… Siéntate a hablar contigo mismo/a, porque cuando el miedo se siente cómodo de poder hablar contigo como un niño sobre tus rodillas, normalmente al sentirse comprendido, arropado y escuchado… se va. Por esas sensaciones corporales no vas a morir, es la ansiedad preparándote para algo que se está imaginando. ¿De qué se trata? De aceptarlo como una emoción más, que puede ser muy incómoda, pero a fin y el cabo una emoción cuya voz vuelve a la carga ante el rechazo interno. Eres mil veces más grande que todos los miedos que se construyen en tu mente, pero debes sentarte en el trono de tu cabeza para poder hablar con él y con todas tus emociones, que siempre tienen algo importante que decir y requieren de tu atención. Si demasiadas personas te reclaman en la realidad, no puedes tener este tiempo contigo y empiezan a acumularse tus tareas internas y el comienzo de ese proceso hacia construir una buena relación contigo mismo/a, que luego se refleje en la realidad que quieres esforzarte en crear con tu presente.
Muchas personas a tu alrededor critican sus sueños, se han dado por vencidos o no llegaron lo lejos que esperaban y por eso no compartes lo que tú quieres, pero no te rindas, ellos se sentirán inspirados cuando tú lo consigas, incluso si ahora es necesario un tiempo en el que te alejas de todo para encontrarte. No vas a temer la muerte cuando entiendas y aceptes tus muchos sentimientos, y cuando sientas que llevas tiempo viviendo lo que aún debes definir como vida. No hay miedo a la muerte cuando tu presente es la forja constante de tu existencia en particular, y no hay miedo a la muerte cuando ya te acostumbras a revisarte de manera cíclica y estacional e tu propio inframundo. Como dije en el artículo de vida-muerte-vida, tú ya has muerto varias veces estando vivo, ya sabes regresar a la vida.
Ni siquiera he mencionado nada espiritual aquí, pero cuanto más conectes contigo, menos vas a creerte que todo esto fuese el final de todas las cosas. Cuando la casa del alma parezca nómada, sé tu propia raíz y dejarás de temerle a los vientos.